jueves 5 de noviembre de 2009

TRADICIONES DE LA MUERTE

Tonatiuh Castro Silva


Que los mexicanos nos burlamos de la muerte, que la vemos con alegría, que la conmemoración de los difuntos es una fiesta, que montar un altar de “día de muertos” es valorar la cultura…; las tradiciones de la muerte en México no refieren a la alegría, aún cuando crezca cada año ese estereotipo. Además, analizar el proceso histórico de la religiosidad popular y sus manifestaciones en el siglo XX y en el tiempo transcurrido del siglo XXI, permite advertir diferentes valores y tradiciones referentes a la muerte en Sonora.
Como parte del grupo estudiantil “El árbol de ojos” del Departamento de Sociología de la Universidad de Sonora, que tuvo vida entre los años de 1989 y 1993, participé en la difusión de las tradiciones mexicanas de la muerte en una época en la que el montaje de altares, elaboración de calaveras y otras expresiones culturales de esa tradición eran inusuales en la región. Causaba gran expectación incluso fuera del campus el altar de muertos que montábamos en el Aula magna de la escuela, que ocupaba todo el templete. Junto a esta actividad convocábamos anualmente a un concurso de calaveras, y tapizábamos los muros del mini auditorio con información relativa a esta tradición. Con plena claridad acerca del origen mesoamericano prehispánico de la tradición y de su correspondencia con las regiones centrales y sureñas del México moderno, realizábamos las actividades como parte de una estrategia de revaloración de la cultura nacional, y no como una forma de difusión de la forma correcta de conmemorar a los muertos. Poco a poco se fue haciendo notoria la implementación de las mismas actividades en otras escuelas y algunos años después en otras instituciones.
El primer sitio en el que vimos una emulación fue el Departamento de Psicología y Ciencias de la comunicación. La segunda carrera convocó a un concurso universitario de altares, que tuvo buena respuesta en cuanto a la cantidad de altares, aunque de una calidad lamentable. Actualmente es común ver un concurso general y varios departamentales en el campus de la Universidad de Sonora, así como concursos o montajes en instituciones educativas de varios niveles y dependencias gubernamentales. En lo personal he sido jurado en concursos de instituciones como: Universidad de Sonora, escuelas secundarias, preescolar Kinderlandia, H. Ayuntamiento de Hermosillo (en el panteón Yáñez), Museo y casa de la Cultura de Ures, ISSSTESON, entre otras.
Este año de 2009, como ha ocurrido en otras ocasiones, hubo motivos no sólo familiares sino también sociales y políticos para erigir altares. En la plaza Emiliana de Zubeldía distintas organizaciones civiles montaron altares dedicados a (sic): la muerte del país, de Luz y fuerza del centro y a la UNAM. Hubo uno dedicado a Victor Abdiel, el niño fallecido por negligencia médica en el Hospital Chávez. Sin embargo, a diferencia de otros altares de tipo social, el de este año en el área nodal de Hermosillo fue de una mayor profundidad de evocador de un dolor mayor; en la misma plaza Zubeldía las mismas organizaciones dedicaron un área al recuerdo de los niños que murieron en el incendio de la guardería ABC, o a causa del mismo.
Con el mismo motivo, pero montado por los propios padres, en la explanada del Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora hubo un altar gigantesco en el que además de las ofrendas tradicionales se apreciaban fotografías y pertenencias de los pequeños. Por su valor humanitario y por su relevancia social esta manifestación fue de gran importancia, independientemente de sus características plásticas.
En todos los demás casos es importante observar que se da una recurrencia al altar mestizo, en detrimento de los tipos de ofrendas y altares de las etnias católicas y de las culturas regionales. En Sonora, si bien en ocasiones acertadamente se presentan tapancos yaquis o mayos en concursos, o se montan en algunos espacios, en general predomina la estructura del altar de origen mesoamericano y franciscano, compuesto por una sucesión elevada de tres plataformas. La valoración del patrimonio cultural debe dejar el carácter folclorista y comprometerse en la difusión de las auténticas manifestaciones de las culturas tradicionales.


Fotografía: www.isc.gob.mx

viernes 2 de octubre de 2009

El templo de las musas flamígeras

Razones que se oponen objetivamente al proyecto Musas

Tonatiuh Castro Silva

Tras un largo periodo de construcción, y de manera incompleta según el conjunto proyectado, forma ya parte de la imagen urbana de Hermosillo el proyecto cultural Musas. Si bien en la época en que se gestaba la obra fueron bien señaladas las fallas inminentes, ahora, una vez inaugurado el templo de las musas flamígeras, es necesario hacer una evaluación.


Impacto ecológico negativo

Utilización del Parque “hundido” de Villa de seris para la creación de una sección del conjunto Musas (en parte, un estacionamiento).
Hermosillo es una ciudad de 1 millón de habitantes, ubicada en el Desierto de Sonora, el segundo desierto habitado más grande del mundo.
El parque de la colonia Villa de seris era uno de los 2 pulmones de la ciudad. Su superficie era de 3.5 hectáreas.
La Coordinación de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Ecología informó el traslado de 388 árboles a un nuevo parque, eliminación de 38 árboles y conservación de sólo 39.
Este nuevo uso del suelo implicó la alteración de la mayor parte de la población natural del parque, compuesta por: eucalipto (90), Olivo negro (89), Naranjo (76), Palmera Washingtoniana (62), Mezquite (61), Guaje (60), Pingüica (40), Guamúchil (39), Amapa (33), Jacaranda (27), Palmera datilera (17), Ceiba (16), Pino (9), Yucateco (9), Palo verde (7), Tujas (7), Acacia (5), Benjamina (4), Torote (3), Guayaba (2), Mora (2), Árbol de la botella (1), Carisa (1) y Limón (1).
La solución proyectada, ante el problema ambiental, fue la creación de un “parque Conmemorativo”, ubicado fuera del conjunto Musas, en el área del vado del río, y traslado de aproximadamente una centena de árboles del parque a áreas verdes del bulevar Paseo del canal.

Inviabilidad urbana arquitectónica

El terreno para las edificaciones contempladas (vado del río Sonora) es inadecuado. El proyecto da continuidad y promueve la urbanización del vado del río, lo cual es una política territorial de alto riesgo.
El área carece de vialidades necesarias para flujos turísticos y masivos. Existe un inminente entorpecimiento del uso preexistente en el bulevar Vildósola, según lo muestran eventos masivos realizados en el Expo Forum, ubicado al sur, sobre la misma vialidad.
El desarrollo del proyecto Musas relega la infraestructura deportiva de responsabilidad del Gobierno del Estado de Sonora:
- Conjunto deportivo de estadio Héctor Espino;
- Gimnasio del Estado;
- Centro de Usos Múltiples;
- Unidad Deportiva de El Coloso;
- Polifuncional Ana Gabriela Guevara;
El proyecto Musas relega la infraestructura cultural ya existente en Hermosillo, bajo la responsabilidad del Gobierno del Estado de Sonora:
- Auditorio Cívico del Estado;
- Biblioteca Pública Central;
- Casa de la Cultura de Sonora (aún cuando el proyecto Musas contempla la “remodelación” del inmueble).
Proyecto que relega la infraestructura cultural ya existente en Hermosillo, bajo la responsabilidad del Ayuntamiento (Bibliotecas del municipio de Hermosillo).
Proyecto que relega la infraestructura cultural ya existente en Sonora, de co-responsabilidad gubernamental, como:
- Museo de Sonora (INAH);
- Museo de historia regional y Sala de arqueología de la Universidad de Sonora;
- Museo de Culturas Populares e Indígenas de Sonora (CONACULTA-Dirección General de Culturas Populares).
Proyecto que ignora las problemáticas de los programas y recursos humanos del área cultural ya existentes, bajo la responsabilidad del Gobierno del Estado de Sonora (de difusión, de promoción, de investigación, de planeación, museográficos), que requieren de mayores recursos, ampliación y modernización administrativa y operativa.
El proyecto ignora las problemáticas de los programas y recursos humanos del área cultural ya existentes, bajo la responsabilidad del Ayuntamiento de Hermosillo (programas Biblioteca activa, Cultura en tu plaza), que requieren de mayores recursos, ampliación y modernización administrativa y operativa.


Hacia una política cultural basada en la gente

No existe público local propio de los sitios considerados, según parámetros tanto culturales como económicos, considerando los siguientes factores:
- Desconexión entre la demanda existente y la oferta contemplada;
- Incapacidad económica del grueso de la población para acceder a sitios de oferta con las características contempladas;
- Inexistencia de flujos turísticos propios de los sitios considerados.
Una eficiente política cultural requiere del desarrollo de la labor de investigación, para que sea posible el conocimiento de la problemática y las necesidades reales de las culturas regionales.
Entre la generalizada necesidad de apoyo a la investigación en Sonora, la referente al campo de la cultura guarda una mayor urgencia, ya que en el estado se encuentra en un atraso lamentable.
Los centro de investigación, universidades y dependencias culturales de Sonora carecen de áreas o programas dedicados al estudio de la cultura, como sí existen en Tijuana, Colima o Guadalajara.
Los estudios culturales padecen dos problemas:
- Restricción a las ciencias antropológicas (Centro INAH Sonora, CIAD, A.C., Universidad de Sonora, Depto. de Lingüística, Unidad Regional de Culturas Populares);
- Abordaje limitado y asfixiado por las líneas de investigación predominantes (El Colegio de Sonora);
- Estado embrionario entre los campos de estudio institucionales (Universidad de Sonora).
Debido a lo anterior, existe rezago en la investigación de la estética, la danza, la música, las culturas originarias en el contexto contemporáneo, las culturas regionales, las artes plásticas, la comunicación, etcétera, desde las perspectivas culturales.

Resulta pues obligatorio reparar: ¿el proyecto Musas será diferente a los megaproyectos del pasado? ¿Atiende las necesidades del desarrollo cultural de Sonora?

martes 8 de septiembre de 2009

Presentación del libro

El tiempo de la uva
de Luis Álvarez Beltrán

Presentadores
Tonatiuh Castro Silva
y el autor

Martes 8 de septiembre de 2009
7:00 p.m.

Museo de Culturas Populares e Indígenas de Sonora
Dr. Hoeffer num. 22, esq. Comonfort
Col. Centenario


¿Cuáles son las determinantes del destino de una tierra, de un pueblo, de un hombre, de un amor?
El tiempo de la uva es una versión ficticia de la evolución de Caborca, la perla del desierto, en la segunda mitad del siglo XX a través de la vida de tres familias convergentes, cuyos miembros retratan el espectro amplio del espíritu y la condición humana.

Luis Álvarez Beltrán (H. Caborca, Sonora, 1972), estudió economía en la Universidad Autónoma de Baja California. Ha ejercido el periodismo, la docencia y el servicio público. Su primer libro fue Tijuaneados (cuento), 2002. Recibió Mención honorífica en un certamen estatal por su novela De espaldas al mar no veas partir al viento (2003). Ha publicado cuentos y poemas en las revistas Existir, Vereda, ExpresArte y otras. Participó en el poemario colectivo Rostros de voz (H. Ayuntamiento de Caborca, 2005). El programa de Desarrollo Cultural Municipal publicó su obra La Cequia honda y otros relatos (2008).

sábado 5 de septiembre de 2009

Kulturadio, voces universitarias on line

Desde el pasado día lunes 31 de agosto se transmite Kulturadio, programa de difusión cultural, a través de vozradio on line, estación radiofónica vía internet del Programa de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Sonora.
Producido y conducido por Bárbara Huipe Robles y Olivia Molina Pérez, Kulturadio tiene como objetivo difundir y promover las expresiones artísticas y culturales en general, y de la comunidad universitaria en particular.
Este nuevo programa, que contempla invitados, análisis, música y participación del público, se transmite los lunes a las 5:00 p.m. en el sitio mms://difusor.uson.mx/vozradio.
La producción cuenta con el blog kulturadio.blogspot.com, en el que se puede encontrar información acerca del proyecto.

martes 2 de junio de 2009

La edad de Hermosillo

En el mes de mayo del año 2007 se publicó en este blog:

El concepto general de las Fiestas del Pitíc muestra que se trata de un festejo de y para los hermosillenses, más que un homenaje a los orígenes y la diversidad cultural que le brindan en el presente decenas de miles de fuereños, que en realidad convierten en minoría a los hermosillenses de varias generaciones. Dos datos presentes en la denominación muestran, si no una postura discriminatoria, sí al menos un sustento histórico pantanoso. Se puede señalar en primer lugar la fecha errónea que acompañó en sus dos primeras ediciones al nombramiento del festival y que ahora está ausente en los logotipos pero continúa en los discursos: “1700-2005”. ¿Cómo leer esta periodización?: Se festeja que el asentamiento dejó de ser habitado plenamente por los originarios, los o’ob o pimas, y que se dio y comenzó la presencia europea; se festeja el criollismo y el europeismo, o concediendo algún grado de benevolencia, el mestizaje, pero no los orígenes.
En el año de 1700 llegó el primer europeo al sitio que originó a Hermosillo. Juan Bautista Escalante, alférez de la Compañía Volante de Sonora arribó a la aldea, que para entonces constituía la frontera entre el territorio o’ob y el de las bandas que fusionadas ahora conocemos como comca’ac o seris. Escalante fundó el asentamiento, pero no lo estableció ni contribuyó a su creación, porque ya existía. En un mapa elaborado por el misionero Adán Gilg o Adamo Gilg en el año de 1692, se le registró en la confluencia de los ríos San Miguel y Sonora. Gilg tampóco lo fundó, sólo plasmó en un documento la existencia de un lugar habitado entonces. El mismo mapa refiere a un error constante en la historia fundamental de Hermosillo: la denominación. El religioso registró como “Pitiquín de pimas cocomacoques”, pero el nombre con el que comúnmente se conoce a aquella localidad originaria es “El Pitíc”. Bien sabido es que “Pitíc” significa, traducido de la lengua o’ob al castellano, “junta de ríos”. Independientemente de cuál haya sido el vocablo pima original o la veracidad de la traducción, hay que reparar en la asociación del artículo “el” con el toponímico, y por derivación, “del”. Seguramente desde fines del siglo XVII ya se le llamaba “El Pitíc”, pues fue nombrado “Santísima Trinidad del Pitiquín” por Escalante. Los renombramientos muestran la persistencia de esta arbitrariedad: Real Presidio de San Pedro de la Conquista del Pitíc (1741), Hacienda del Pitíc (1748), Cuartel y misión del Pitíc (1772), y Real Presidio y Villa del Pitíc (1780). Según lo anterior, los criollos y españoles avecindados en el noroeste, incluyeron en su vocabulario el toponímico del sitio pima pero, siguiendo una tradición ibérica heredada a su vez del mundo árabe, le agregaron el artículo.

El análisis de los orígenes del asentamiento, debe considerar:

- No existe evidencia ni conocimiento científico acerca de la temporalidad de los orígenes del asentamiento que actualmente llamamos Hermosillo;
- Existe un planteamiento hipotético que supone la ubicación del asentamiento originario en el sitio ocupado por la presa Abelardo L. Rodríguez;
- En caso de haberse ubicado en tal sitio, los vestigios materiales debieron afectarse, lo que al menos entorpecería cualquier proceso de investigación arqueológica.

Por su argumentación histórica, sonora diversidad obsequiará el libro Artesanías del desierto sonorense al Ing. J. Francisco Monge. Me tomé la libertad de publicar su texto, enviado por correo electrónico. Gracias por participar.

Orígenes de Hermosillo: una perspectiva

J. Francisco Monge

El origen de Hermosillo data de 1700, cuando se fundaron los pueblos de Nuestra Señora del Pópulo, Nuestra Señora de Los Angeles y la Santísima Trinidad del Pitic, habitado por seris, tepocas y pimas bajos. Años atrás se habían presentado dificultades internas entre los indios seris y tepocas con los pimas bajos y como consecuencia, se habían alejado de sus funciones. El propósito original de nuestra ciudad fué el de contener a los Indios Seris y proteger la expansión hispana con el nombre de Real presidio de San Pedro de la Conquista, fue así nombrada por su fundador el alférez Juan Bautista de Escalante. En 1718, por órdenes del gobernador, don Manuel de San Juan y Santa Cruz, se repobló el pueblo de la Santísima Trinidad del Pitic, cuyos moradores se habían alejado en su mayoría; el 29 de Septiembre de 1725, los seris asentados en el pópulo se levantaron en son de guerra y pegaron al pueblo de Opodepe, victimando a 22 personas. Se les persiguió con el objeto de castigarlos hasta que los seris pidieron la paz en enero de 1726, y fueron asentados en el pópulo y en los puntos denominados a Lares y Moraga. Poteriormente dada la incertidumbre por la belicosidad de los indígenas, se formó el presidio del Pitic.

miércoles 27 de mayo de 2009

El romanticismo urbano

El falso rostro de la modernidad tras el proyecto urbano capitalista en Hermosillo
Primera parte

Sin duda he empleado un nombramiento ambicioso, propio de una tesis o de un libro ampliamente documentado. Este es sólo un artículo de una bitácora electrónica, pero usar un título así es intencional; la idea del texto está sintetizada, y requiere de los siguientes párrafos únicamente para explicar y argumentar el porqué considerar románticos los proyectos urbanos gubernamentales/capitalistas en Sonora y, específicamente, en Hermosillo.
Desde el porfiriato se ha recurrido a términos como “moderno” y “modernización” para justificar todo tipo de cambios urbanos por parte de las autoridades y, en ocasiones, de sectores civiles. En el nombre de la modernidad, pretendiendo una imagen de mejoramiento de la infraestructura urbana, se han destruido obras y áreas de las ciudades, renunciando en realidad a un auténtico desarrollo económico y cultural, y quedándose justamente en ese plano de la imagen, de la apariencia. ¿Qué entiende la gente, el radioescucha, el televidente, el votante, cuando escucha el término “modernizar” inserto en el discurso gubernamental o empresarial?
El término modernizar, en la acción gubernamental, significa sincronizar las políticas públicas con las necesidades o requerimientos sociales; crear o adecuar las estrategias y recursos con la realidad. Por lo tanto, la innovación por sí misma, la genialidad o lo contemporáneo, no sólo se ubican en una línea divergente de la modernización, sino inclusive se dirigen a un destino opuesto. El fundamento de lo moderno es la funcionalidad. Se trata de corresponder a las demandas comunitarias, disponiendo la planeación del diseño de su atención desde una perspectiva especializada, que por esta circunstancia, tiende al diseño creativo y original, e interviniendo en la realidad social.
Los gobiernos sonorenses, en los ámbitos estatal y municipal, a lo largo de su historia, es decir, los siglos XIX y XX, y lo que transcurre del siglo XXI, han renunciado al aprovechamiento y a la explotación del patrimonio construido en sentido de desarrollo económico, turístico, educativo y recreativo.
Es una vergüenza que el único teatro que ha existido en la ciudad de Hermosillo, el Teatro Noriega, construido en 1868, haya sido derribado sin un motivo justificable, justamente un siglo después; actualmente es un estacionamiento que, inclusive, durante varios años estuvo cerrado. La falta de conocimiento ha provocado que lo que se posee socialmente no haya sido valorado, en varios sentidos: cultural, en lo económico, lo turístico, políticamente. Distintas etapas urbanas y obras merecen un examen, que atenderemos por separado en este blog.